50 Años del alunizaje de la humanidad

20 de julio 2019.

La llegada del Apolo 11 a la Luna hace 50 años supuso un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad y un hecho decisivo para Estados Unidos en la carrera espacial contra la Unión Soviética.

Los astronautas estadounidenses Neil Armstrong, Edwin «Buzz» Aldrin y Michael Collins partieron hacia la Luna el 16 de julio de 1969, sólo 8 años después que Yuri Gagarin, un cosmonauta soviético, se convirtiera en el primer hombre en llegar al espacio.

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Yuri Gagarin .

En 1961, John Fitzgerald Kennedy preguntó a su vicepresidente, Lyndon Johnson, cómo superar a los soviéticos en la carrera espacial.

Johnson consultó al diseñador de cohetes de la Nasa, el tránsfuga nazi Wernher von Braun. El ingeniero había inventado los cohetes V2 que bombardearon Londres durante la Segunda Guerra Mundial.

Hacia el final del conflicto, ofreció sus servicios a los estadounidenses, que lo llevaron junto con un centenar de sus mejores ingenieros a Alabama, fundando lo que se conoce desde entonces como «Rocket City» (la ciudad de los cohetes).

El alemán respondió con entusiasmo a Johnson que el envío de hombres a la Luna era el único proyecto en el que se podía derrotar a Moscú, porque ninguno de sus cohetes tenía la potencia necesaria para llegar al satélite terrestre. Ok, dijo Kennedy. 

En 1961, en plena contienda espacial con los rusos y con el desastre de Bahía de Cochinos reciente, el presidente John F. Kennedy anunció ante el Congreso, en un giro loco (pero solemne) de guion, que EE UU se había propuesto realizar un aterrizaje lunar tripulado antes del fin de la década. En la NASA se llevaron las manos a la cabeza. Por la falta evidente de dinero, las lagunas tecnológicas y, sobre todo, por las expectativas creadas. Sin embargo, no hubo vuelta atrás.

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Años después, Richard Nixon estaba al frente de Estados Unidos. Armstrong, Aldrin y Collins (el tercero en discordia, el hombre más solo del universo), participaron en Gemini, precursor de Apollo y segundo programa espacial tripulado estadounidense. La cosa marchaba más o menos hasta que todo el país asistió con horror al incendio en el Módulo de Comando que acabó en 1967, en tierra, con tres astronautas del Apollo 1; desde entonces y durante año y medio el fuego se convirtió en la obsesión de la Agencia, que revisó hasta el extremo contratos, procedimientos y tipos de combustible.

«Demasiadas cosas podrían salir mal», pensó Armstrong cuando se enteró de que formaría parte del Apollo 11. En esos momentos, diciembre de 1968, el Apollo 8 había despegado y él (y Aldrin) era parte de la tripulación suplente (backup). «El Módulo Lunar ni siquiera había estado en la órbita terrestre», dijo en una entrevista en 2001. No sabían si el radar o las comunicaciones (que, de hecho, fallaron bastante) funcionarían. No sabían nada. Quedaban 7 meses para la misión y la mengua silenciosa de los fondos federales de la NASA seguía su curso.

La equipación suficiente de los laboratorios o la contaminación medioambiental por agentes desconocidos en el regreso a la Tierra eran otros temores fundados. La apretada preparación a la que fueron sometidos estuvo a punto de pulverizar a los astronautas. La NASA se planteó en junio retrasarlo todo, al menos, un mes. «Si algo no está listo o les estamos presionando demasiado…», dejó caer Sam Phillips, director del programa Apollo, en una reunión de urgencia. Decidieron continuar.

Se lanzaron cuatro misiones Apolo exploratorias entre octubre de 1968 y mayo de 1969. En diciembre de 1968, se eligió a Armstrong como comandante de la undécima misión Apolo, con lo que eso conllevaba: sería el primer hombre en pisar la Luna.

«Me quedé callado durante días mientras luchaba por no enojarme con Neil. Después de todo, era el comandante y, por tanto, el jefe», confió Aldrin al relatar sus memorias muchos años después. 

Se lanzaron cuatro misiones Apolo exploratorias entre octubre de 1968 y mayo de 1969. En diciembre de 1968, se eligió a Armstrong como comandante de la undécima misión Apolo, con lo que eso conllevaba: sería el primer hombre en pisar la Luna.

«Me quedé callado durante días mientras luchaba por no enojarme con Neil. Después de todo, era el comandante y, por tanto, el jefe», confió Aldrin al relatar sus memorias muchos años después. 

16 de julio. Unas dos horas y media antes del despegue desde el John F. Kennedy Space Center, las palabras «fuga» y «satélite» resonaron en varias cabezas en un momento especialmente crítico. En el primer frente, una cantidad no desdeñable de hidrógeno líquido escapaba por una válvula del cohete lanzador Saturn V, una mole de 111 metros y 2.800 toneladas (con combustible dentro). En el segundo, uno de los satélites que permitirían ver por televisión la pisada lunar había fallado y se buscaba una conexión alternativa.

Ambas situaciones se solventaron. La segunda con ayuda española: se logró en tiempo récord, desde Madrid, juntar doce canales paralelos submarinos de voz entre las estaciones de Robledo de Chavela (España) y Greenbelt (EE UU) para alcanzar los 48 kilobits de ancho de banda que requería la transmisión. Un esfuerzo que después quedó un poco deslucido, ya que la cámara que iba a bordo del Módulo Lunar (Águila) era una Westinghouse de baja resolución y en blanco y negro. «Cutre», según el ingeniero jefe Max Faget.

La de color se la quedó Collins arriba, en el Módulo de Comando (Columbia). Costó convencer a unos cuantos, por cierto, de que filmar y fotografiar las misiones no era una pérdida de tiempo.

Los 13 minutos en los que toda la misión estuvo a punto de fracasar

El 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 estuvo a punto de fracasar.

«Un mes antes del despegue del Apolo 11 decidimos que teníamos la confianza suficiente para intentar descender en la superficie», contó Armstrong en mayo de 2012, tres meses antes de morir.

«Creía que teníamos 90% de posibilidades de volver sanos a la Tierra, pero solo 50% de aterrizar en un primer intento. Había muchas cosas desconocidas en ese descenso de la órbita a la superficie lunar que no se habían demostrado todavía», recordó entonces.

Pero a medida que Armstrong y Edwin «Buzz» Aldrin comenzaron a recorrer los 15 kilómetros para el descenso a la Luna, las posibilidades de no lograrlo empezaron a crecer.

Los audios del centro de control de la misión de la NASA son una prueba de cómo la tensión atravesaba cada palabra y, sobre todo, cada silencio.

Como dijo Armstrong en otra entrevista, los 13 minutos previos a tocar la superficie lunar fueron un «desenfreno de incógnitas».

Si bien unas 400.000 personas estuvieron involucradas en el Proyecto Apolo de la NASA, solo un reducido equipo de entre 20 y 30 personas estaban en el centro de control en el momento histórico.

Uno de los datos más sorprendentes de ese selecto equipo es que la edad promedio de los controladores de vuelo era 27 años.

«Si bien puede parecer extraño que una responsabilidad tan grande fuese volcada sobre un grupo de empleados nuevos que aún no habían salido de la universidad, su juventud fue mayormente considerada como un activo importante», explica Kevin Fong, presentador del podcast «13 minutos a la Luna» de la BBC.

«No es que no entendieran los riesgos», explicó el director de vuelo de Apolo, Gerry Griffin, a Fong. «Simplemente no tenían miedo«.

Esa audacia y compromiso con la misión terminarían siendo cruciales para el éxito del Apolo 11. Como dijo ese día Gene Kranz, director de vuelo de la misión, a su equipo en el centro de control en Houston, Texas: «Estaremos aquí hasta que hayamos o bien alunizado, o bien abortado la misión, o la nave se haya estrellado«.

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Collins, Armstrong y Aldrin conformaron la tripulación del Apolo 11.

La adrenalina crecía en la Tierra, a unos 400.000 kilómetros de distancia. El módulo lunar o «Águila» con Armstrong y Aldrin a bordo ya se había desacoplado del módulo de comando o «Columbia», piloteado por Michael Collins y que se mantuvo girando alrededor de la Luna.

Cuanto Aldrin dio la orden de activar P-63, el programa que controlaría los momentos exactos en los cuales los motores se encenderían y por cuánto tiempo, los problemas empezaron.

Kranz contó sobre ese momento: «Las comunicaciones con la nave espacial son absolutamente horribles: nosotros no nos podemos comunicar con ellos, ellos no se pueden comunicar con nosotros».

El problema estaba en la llamada antena de alta ganancia, el enlace de radio que permitía al centro de control hablar con Armstrong y Aldrin, así como recibir datos de los sistemas del módulo lunar. Y sin esa telemetría no podían aterrizar en la Luna.

El equipo de telecomunicaciones entonces decidió cambiar la orientación de Águila para así mejorar la señal de la antena con la Tierra.

Mientras tanto, los controladores debían transmitirle toda la información a Collins, quien a su vez se lo comunicaba a Armstrong y Aldrin.

A pesar del caos y la información fragmentada, los astronautas recibieron la orden de encender el motor y comenzar el estrepitoso descenso hacia la superficie lunar.

Los problemas de comunicación se resolvieron, pero para el guía de vuelo, Steve Bales, los contratiempos recién empezaban.

«Estoy viendo mi monitor y estoy en grandes problemas, porque el vehículo está viajando hacia la Luna 20 pies por segundo (6 metros por segundo) más rápido de lo que debería», contó Bales recordando ese momento. «Oh, por dios», pensó, «si crece otros 15 pies por segundo (4,5 m/s) tengo que abortar» la misión.

Es que llegar a los 35 pies por segundo (10,5 m/s) era indicador de que algo muy grave estaba pasando, probablemente con la computadora del módulo lunar. Además, corrían riesgo de pasarse del área de aterrizaje establecida.

Para aterrizar en la Luna, la tripulación dependía casi por completo de la computadora a bordo. Lo que entonces era el dispositivo más complejo y sofisticado a bordo de la nave espacial, tenía la capacidad de procesamiento y memoria de una calculadora de bolsillo. De hecho, la pantalla y teclado de la computadora se asemejaban a una calculadora gigante. Esa rudimentaria pantalla solo podía mostrar una serie de números para arrojar información y ayudar a identificar problemas.

Cuando faltaban apenas 5 minutos para el alunizaje, un código apareció en la pantalla: «1202», o como lo leyó entonces Armstrong, «doce-cero-dos».

Fue la primera y única vez en que el astronauta mostró estar urgido. «Dennos una explicación sobre la alarma del programa 1202», exigió Armstrong.

Neil Armstrong.
Armstrong.

En el control de la misión, nadie entendió lo que estaba sucediendo. ¿Estaba la computadora a punto de fallar? ¿Tendrían que abortar el aterrizaje? ¿Estaban en peligro las vidas de Armstrong y Aldrin?.

Los expertos consultaron al equipo de apoyo sobre la extraña alarma que no sonó una sino cinco veces durante el descenso del Águila. Tras unos eternos 15 segundos, finalmente la respuesta llegó: el código 1202 quería decir que la computadora estaba sobrecargada de tareas. Pero, como no era una computadora cualquiera, tampoco se colgó como lo haría una PC cualquiera.

La máquina había sido programada de tal forma que, en caso de estar sobrecargada, pasaba a priorizar las tareas críticas para la misión, como mantener al módulo volando a la velocidad y en la dirección correctas. Esta fue una característica de seguridad brillante diseñada por programadores del MIT, parte del equipo en la Tierra pasó a ocuparse de las tareas que la computadora ya no podía procesar.

Esta capacidad de compartir una tarea compleja entre personas y máquinas fue emblemática de cómo la NASA operó durante el Proyecto Apolo y una razón clave de su éxito.

Vista del módulo lunar Águila, la superficie de la Luna y, de fondo, la Tierra.
Las maniobras de aterrizaje y despegue de la Luna eran lo más peligroso de la misión .

Pero antes de aterrizar, todavía faltarían otros dos grandes problemas. El primero fue el lugar.

La computadora estaba guiando automáticamente al Águila a la zona de alunizaje, cuando Armstrong logró verla por la ventana: «Área bastante rocosa», dijo.La nave se estaba dirigiendo al Mar de la Tranquilidad, el punto elegido, pero sobre el cráter oeste, un agujero gigante de unos 30 metros de diámetro con rocas del tamaño de autos. «No era para nada un buen lugar», recordó Armstrong en 2012.

Los cráteres lunares empezaron a desfilar a toda velocidad ante el módulo. Demasiado rápido, según comprobó el comandante, que entendió que el módulo iba a alejarse varios kilómetros de la zona de alunizaje prevista.

Armstrong tomó entonces el control manual de la nave, buscó una nueva zona mirando por la ventanilla del módulo, pero todo le parecía «muy rocoso».

Aldrin empezó a leerle las informaciones del ordenador: la velocidad vertical y la altitud: «250 pies… 220 pies…Será justo después del cráter», dijo Armstrong. 

El nivel de carburante se reducía a toda prisa. Quedan «30 segundos», anunció Houston.

Armstrong ya no hablaba. Ralentizó, el LEM casi dejó de avanzar y se acabó posando. «Contacto», dijo Aldrin.

Los astronautas apagaron el motor del vehículo.

«Houston, aquí la base Tranquilidad. El Eagle ha aterrizado», anunció Armstrong.

«Los copiamos en la Tierra», respondió el responsable de comunicaciones, Charles Duke, desde Houston. «Tenían a un montón de chicos a punto de ponerse azules. Respiramos de nuevo». 

El módulo lunar aterrizó en el Mar de la Tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:17:39 UT.

EL ALUNIZAJE

Durante el descanso, Buzz Aldrin saca un pequeño cálice con vino y una hostia para hacer la comunión, a la vez que enciende la radio. “Aquí el piloto el módulo lunar. Me gustaría aprovechar esta oportunidad para pedir a todas las personas que nos están escuchando, sean quienes sean y estén donde estén, que se detengan un momento y contemplen los eventos de las últimas horas, y que den las gracias a su manera. Cambio”. Luego apaga las comunicaciones y reza con Armstrong como único público. El Eagle, con Neil Armstrong y Buzz Aldrin a bordo, lleva ya más de cuatro horas en la superficie de la Luna. En la Tierra, decenas de millones de personas han celebrado su aterrizaje y esperan expectantes el momento en el que los dos astronautas salgan al exterior.

A las 4:56 horas del 21 de julio de 1969 Neil Armstrong desciende por la escalera del Eagle hasta la plataforma de una de sus patas. Asiendo la escalerilla con la mano derecha, extiende el pie izquierdo hasta tocar el polvoriento suelo de la Luna. «Es un pequeño paso para el hombre; un gran salto para la humanidad», dice con voz entrecortada.

La primera fotografía que tomó Neil Armstrong en la Luna

Armstrong recoge la primera muestra de roca lunar aproximadamente a las 05:06 horas, para garantizar regrese con una prueba de su viaje en caso de que se produzca una emergencia y el Eagle tenga que despegar de emergencia.

A las 05:12 horas, le toca a Buzz Aldrin salir del módulo lunar. “¡Preciosa vista!”, exclama mientras desciende por la escalerilla. “¿Verdad? Hay una vista magnífica aquí fuera”, coincide Armstrong. “Magnífica desolación”, añade Aldrin.

Los astronautas se dirigen a la parte inferior del Eagle y leen una placa conmemorativa que se quedará en la Luna, junto a la fase de descenso del módulo lunar: “Aquí hombres del planeta Tierra pisaron la Luna por primera vez en Julio de 1969. Vinimos en paz para toda la humanidad”.

Buzz Aldrin en la superficie de la Luna. En el visor de su casco se puede ver a Neil Armstrong reflejado, mientras tomaba la fotografía .
La huella de Buzz Aldrin sobre la superficie de la Luna, una de las imágenes más icónicas de la misión Apollo 11

Los Astronautas plantaron una bandera estadounidense en dura superficie lunar, dejaron una placa y varios recuerdos, incluida una medalla para Yuri Gagarin, el primer humano en viajar al espacio.

De las 857 fotos en blanco y negro y 550 en color que se sacaron en la Luna, Armstrong solo aparece en cuatro. La mayoría muestran a Aldrin. «Es mucho más fotogénico que yo», bromeó Armstrong en 2001. 

Eagle despegará dentro de 12 horas, una fase crítica y sin redundancia, una de las que más preocupan a los astronautas. Se reencontrará con el Columbia en 16 horas, y juntas regresarán a la Tierra dentro de tres días. Neil Armstrong, Mike Collins y Buzz Aldrin pasarán tres semanas en cuarentena antes de iniciar una gira mundial en la que serán aclamados los héroes que cumplieron el sueño de la humanidad de llegar a la Luna.

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El 24 de julio, atravesó la atmósfera envuelta en una bola de fuego para caer como una piedra en el Atlántico, frenada por tres grandes paracaídas.

Estados Unidos envió un portaviones para recuperarlos. Richard Nixon estaba a bordo de la embarcación. 

Unos buzos de élite sacaron a los hombres de la cápsula y los llevaron en helicóptero al barco, donde se les puso en cuarentena por temor a una contaminación de posibles microorganismos extraterrestres.

En su primera rueda de prensa, tres semanas después, los reporteros preguntaron a los tres astronautas de Apolo 11 si pensaban regresar a la Luna.

«Hemos tenido muy poco tiempo para pensar», respondió Armstrong.Ninguno de ellos volvió al espacio. El programa Apolo terminó en 1972, y hubo que esperar la llegada de Donald Trump para que Estados Unidos decidiera lanzar la hermana de Apolo, la misión Artemisa. 

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Andrés Pérez.

Con Información de BBC/AFP/La Vanguardia/EFE/NASA/AP/NBC/20minutos.es

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